Perdí ya la cuenta de las veces que pospuse reactivar mi blog. Durante cada semana desde hace meses que me propongo escribir algo --para el viernes de noche ("no porque surgió algo y voy a salir"), para el sábado de tarde ("no porque acabo de bajar un documental que hace rato quiero ver"), para el domingo ("no porque me llegó mi Kindle y quiero probar"), hasta que es muy tarde para empezar y pasás para mañana. O el 14 de noviembre. O el 1 de enero. Ad infinitum.
Desde hace días vengo barajando las frases a escribir en mi cabeza mientras manejo -la excusa es que se me van a ocurrir descripciones más precisas- o haciendo una lista de sinónimos para no repetir las palabras, recopilando links, citas. Después dije que mejor sería abrir, de una buena vez, otro blog sobre escritos más 'serios' y dejar éste para reflexiones personales, ya que un proyecto nuevo me motivaría a escribir más regularmente --lo que me envió a una encrucijada sobre si seguir en Blogspot o pasarme a Wordpress o Posterous, y a reviews en blogs detallando las ventajas/desventajas de cada plataforma, lo cual a su vez me impulsó a buscar temas y templates, a idear un nombre nuevo para el blog, pensando qué trataría en el primer post, qué tono tendría -casual, investigativo, anecdótico, coloquial, académico- y cómo avisaría a la gente que tengo otro espacio, cuándo hacerlo...
No puedo exagerar lo suficiente este comportamiento crónico. Desde las 8 PM que estoy intentando concentrarme frente a la PC y sigo encontrando excusas: ya revisé por lo menos 15 veces mis e-mails y cuentas en redes sociales, seguí links de por lo menos 10 tweets, me levanté a preparar la cena, volví a sentarme y empecé a arreglar mi carpeta de downloads, mi perrita me trajo su pelota y jugué un rato con ella, fui de vuelta a la cocina a preparar café, y a la vuelta me quedé mirando un video sobre la transcripción del RNA para la formación de proteínas y un artículo sobre brujas rumanas que quieren lanzar maldiciones su presidente por cobrarles impuestos (y al terminar este párrafo ya habré revisado otras 3 veces mi e-mail y mi timeline en el Twitter).
Si alguna vez pasaste por esto, sabrás que es un estado totalmente estresante - sabés lo que tenés que hacer, por qué, y querés hacerlo pero hacés todo lo posible para auto sabotearte. No puedo poner en palabras las ganas que tengo de dejar de escribir e irme a ver un capítulo más de Dexter, West Wing o Breaking Bad. Pero sé que mañana voy a hacer lo mismo. Y voy a tener la misma carga de conciencia por una cuestión aparentemente tan fácil de solucionar.
Sin embargo, la procrastinación, es un hábito no exclusivo a esta era de Internet (lo siento, luditas) sino que aqueja a seres humanos desde hace siglos y su(s) causa(s) falsamente obvia(s) ha(n) sido objeto de numerosos estudios. Aunque pueda sonar a -otra- excusa, no se reduce a una simple falta de voluntad o pereza; al parecer es un comportamiento irracional inherente a los humanos por un cierto tipo de sesgo cognitivo (en discusión está cuál o cuáles), que -desde uno de los enfoques- ocasiona una percepción idílica del tiempo futuro que tendremos para realizar la tarea -descartamos imprevistos, menospreciamos otras tareas y compromisos- o un énfasis distorsionado en favor al placer a corto plazo (e.g., si llevamos una lista de películas/libros substanciosos y 'huecos' para consumir, cuando llega el momento casi siempre elegimos uno de la segunda categoría). Es una sucia artimaña que nuestro propio cerebro nos tira. Y para empeorar las cosas, hay tantas propuestas de 'cura' como diagnósticos del problema.
En mi caso, pienso que como propusieron Sapadin and Maguire (1997) soy del tipo "procrastinador perfeccionista", para quien el sólo pensar que su producción no será la mejor posible le impide de siquiera empezar (o le lleva a un abandono fatalista del proyecto, como estuve dos veces a punto de borrar todo lo ya escrito en este par de horas). Digo esto porque mi procrastinación aparece casi exclusivamente cuando se trata de productividad personal (e.g., un escrito); mi limitación o impedimento es que sé que nunca va a estar a la altura de mis estándares (basados en algún opus magnum del tema en cuestión). Este sentimiento se refuerza al leer algo que haya escrito y notar errores embarazosos, alimentando el miedo de caer inconscientemente en otros en el futuro.
Parte de mí tambien piensa que de cierta forma me pongo metas no realistas de perfección para no tomarme el trabajo de iniciar el recorrido (de vuelta el miedo). Sin embargo, reflexionando, uno se da cuenta que de eso se trata gran parte de la conquista vital - empezamos sin siquiera saber pararnos, a caminar con tropiezos y caídas, hasta poder trotar y correr. Nadie emprendería nada si cada uno se resignase a quedar en el piso hasta que supiera cómo ganar una maratón. Parece haber un absurda concepción de lo brillante como atemporal, espontáneo y casi sin esfuerzo - siendo que detrás, debajo y antes de "Yo, El Supremo" están una cantidad de obras, muchas de ellas bastante malas.
Try as hard as we may for perfection, the net result of our labors is an amazing variety of imperfectness. We are surprised at our own versatility in being able to fail in so many different ways. ~Samuel McChord Crothers
Eso no implica que hay que despreciar y descuidar la calidad y rebajarse a la mediocridad, en absoluto. Sino apuntar hacia la excelencia pero olvidando la perfección. Pero esta vez este post lo estoy haciendo con el mayor descuido por estructura y estética posible sin que me quite el sueño después. Me estoy conteniendo para releer y cambiar cosas. Probablemente ni sea muy bueno el post, pero no importa. Necesito romper el esquema de esta procrastinación paralizante. De alguna forma. Hoy*.
No significa que no habrá más mañana, sino que el mañana ya deja de ser excusa para el nunca.
*(publicado a las 23:56)

